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LA ESPIGA
I
Pudiste haber escrito una canción
en el vaho sideral que dejan los aviones
o en el rapto de las rosas
para obsequiar a los cometas
Y así llegar despacio
al asesinato de mi única palabra
de mi voz de mar de cielo
hoja de atardecer que se sacude
en medio del otoño
Pudiste susurrar el sonido
que oías de las estrellas
a la hora en que soñabas ser
la joven que espera
en un pueblo perdido de volcanes
empeñada en coleccionar un alfabeto portátil
hundido en la memoria
Pudiste obsequiar margaritas
a los ojos de los muchachos tristes
tan cerca del asesinato y el naufragio
de la pureza colérica del más enfebrecido
cofre de palabras
En las tardes de descampado amor perdido en los hoteles
tenías la edad del bronce y una mirada que arrasaba con la tibieza
de las paredes viejas en aquel pueblo de verdes monosílabos
que de vez en vez se despertaba con los alaridos ebrios
de los muchachos que cantaban loas a la noche
y al amanecer
empeñados en lamer el vaho del cielo
con sus lenguas de vino y de placeres
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